miércoles, 7 de abril de 2010

Silvio Rodríguez: “Son los mismos sinvergüenzas de hace cincuenta años”


El cantautor cubano se refiere a quienes controlan la información mediática globalizada y satanizan a Cuba. Silvio plantea una encendida defensa de la Revolución, con una mirada crítica hacia temas concretos. “Hay que superar la lógica de la Guerra Fría”, señala.

Por Karina Micheletto Página 12, Argentina


No parece precisamente cómodo el lugar de Silvio Rodríguez: si lleva consigo el peso de los símbolos, si su solo nombre remite a una época y a una forma posible de canción -que fue posible también por una época-, el paso del tiempo lo ha enfrentado al reto de seguir perfeccionando el oficio de trovador. La forma en que ha salido airoso de tamaño desafío se escucha en Segunda cita, el trabajo que acaba de presentar. Un disco hecho de canciones bellas, potentes, que ganan musicalmente en el despojo acústico del trío jazzero que el cubano propone esta vez para acompañarlo.

“No podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos”, dice Silvio Rodríguez en la entrevista que concede a Página/12 a través del mail, la forma que ha elegido en los últimos años -en los que también son contados sus conciertos- para hablar de sus nuevos discos, de sí mismo y, sobre todo, de su país. Lo que dice con poesía, pero también con claridad, lo dice justamente por Cuba, y su posición tampoco es cómoda: su amorosa y encendida defensa implica a la vez una mirada crítica hacia temas concretos. En su nuevo disco también sienta postura en temas como “Sea señora”, “un voto a la evolución política de Cuba”, según define: “A desencanto, opóngase deseo. Superen la erre de revolución, restauren lo decrépito que veo, pero déjenme el brazo de Maceo y, para conducirlo, su razón”, pide allí.


Otro tema del disco, “Tonada del albedrío”, resuena en especial por estos días, en estas tierras. “Dijo Guevara el humano que ningún intelectual debe ser asalariado del pensamiento oficial. Debe dar tristeza y frío ser un hombre artificial, cabeza sin albedrío, corazón condicional”, canta allí el trovador, y en el booklet explica que los versos fueron inspirados por el pensamiento oficial que imponen diariamente, de múltiples maneras, las empresas de comunicación. De esos “dueños de la llamada Gran Prensa” habla también el cubano en la entrevista, “los mismos sinvergüenzas que hace 50 años nos tienen bloqueados de todo, menos de su sacrosanta información”.


Entre la balada, el bolero, el danzón, el son y el jazz -entre esas potentes marcas musicales de Cuba-, Silvio avanza en las historias y tomas de postura de esta Segunda cita. “Pero déjeme comenzar nombrando a los buenos músicos que me acompañan: Roberto Carcassés al piano, Oliver Valdés en la batería y Feliciano Arango en el contrabajo”, arranca el cubano la entrevista, consultado sobre ese abordaje musical, marcando la importancia del sonido logrado por ese trío de jazz que se luce en el disco.


-En este disco se escucha una influencia general más jazzera, desde la participación de músicos de este género hasta los arreglos de los temas presentados en formato de trío acústico. ¿Por qué buscó este sonido?

-El trío de jazz, por su intimidad acústica, me parecía el escalón superior inmediato a la soledad trovadoresca. Es un formato idóneo para presentar las canciones casi como vinieron al mundo, sólo arropadas por vaporosos tules. Siempre me he sentido muy atraído por la voluptuosidad de ese sonido. Y creo que Segunda cita demuestra que es un sonido que se puede expresar con lo que hago.

-Esta Segunda cita aparece después de Cita con ángeles (el disco que grabó en 2003), y esta vez invita a todos los seres humanos a pensarse ellos mismos como querubines, no necesariamente todopoderosos. Desde los nombres de los discos, también desde el arte de tapa, plantea una continuidad. ¿Por qué apareció esto?

-Cuando estaba lanzando Cita con ángeles, que fue un disco motivado por la agresión a Iraq, sabía que era muy probable que una Segunda cita estuviera en camino. Era hasta cierto punto lógico que, después de aquella aventura universal, regresara al terruño en los mismos términos de indagación. O al menos por ahí se me fue la inspiración y una vez más he tratado de cumplir con ella.

-En el disco usted dice que la canción “Tonada del albedrío” tomó forma a partir de tergiversaciones mediáticas alrededor de la figura del Che. ¿Podría contar más sobre esas “noticias” que dispararon esta canción?

-No fueron noticias. En los últimos años hay más bien un empeño sistemático en descalificar los símbolos revolucionarios, entre ellos el ejemplo de altruismo del Che. Les molesta que ese hombre haya llegado a ser un icono de los jóvenes del mundo. Empezaron a decir que su imagen se comercializaba, siendo, como fue, un anticapitalista. Precisamente porque lo mató el capitalismo es por lo que ha surgido la leyenda y la contradicción de que su imagen sea vendida. Si el Che hubiera ganado su lucha, no habría tenido sentido usarlo así, él tampoco lo habría permitido. Hoy algunos se dedican a tratar de minar su memoria con mentiras grotescas. Me fui dando cuenta de que no era casual y me dije: aquí les va una más. Tomé frases textuales y las reuní en un contexto diáfano. Por yo vivir en un país socialista subrayé su idea de que el socialismo no necesitaba intelectuales asalariados al pensamiento oficial. Yo había jugueteado con algo parecido hacía tiempo, cuando canté “Yo te quiero libre / como te viví / libre de otras penas / y libre de mí”.

-”Los que gobiernan la información mediática trazan paisajes ideológicos”, dice usted en las notas del disco. La sanción de una nueva ley de medios, a lo que se agregó la investigación sobre las adopciones realizadas durante la dictadura por Ernestina Herrera de Noble, abrió el debate sobre el tema en la Argentina. ¿Está al tanto de esta situación?
-No conozco lo de la ley de medios, pero sí la larga y dolorosa lucha de las Abuelas de la Plaza de Mayo, reclamando saber la suerte de sus seres queridos. Supongo que para algunos enfrentar lo que pasó debe ser angustioso; pero muchos otros llevan décadas viviendo en una pesadilla de ausencias y preguntas. Me parece que todas esas interrogaciones merecen sin falta su respuesta.


-Recientemente un cable de noticias informó que Pablo Milanés, consultado sobre la huelga de hambre de Guillermo Fariñas Hernández, ha expresado su desacuerdo con la actitud del gobierno de Cuba hacia los disidentes. ¿Cuál es su posición?

-Si estuviera en mis manos, yo habría amnistiado a esos cien presos que algunos llaman “de conciencia”. Creo que hay que superar la lógica de la Guerra Fría y que nuestra política no debería articularse con la política de nadie. No me importaría que dijeran que los liberé por presión. Yo sabría que lo hice porque hay que cambiar la vieja lógica, porque no podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos. Por otro lado, nuestra prensa -inicialmente por causas de defensa- se acostumbró a ser muy recatada y triunfalista. Hemos criticado mucho eso, pero hasta ahora no ha aparecido la voluntad de superarlo. Mi posición es que todos tengamos derecho a la información, a crearnos una opinión personal de cada cosa y a comentar lo que sea, sin limitaciones. Como usted comprenderá, soy bastante idealista, porque lo que uno lee, aunque lo haga críticamente, tiende a influir. Y en la información no sólo pesa la calidad, sino también la cantidad.


-Volvemos entonces a la pregunta anterior, y a su “Tonada del albedrío”…

-Si, como dice Chomsky, la mayoría de la información que circula en el mundo la maneja la derecha, ya podrá usted imaginar lo que constantemente cae sobre Cuba. O sea que la isla lo tiene difícil porque, a pesar de sufrir la satanización, tiene el sagrado deber de no negarle su derecho a nadie. Ante este dilema, ¿hay que racionalizar la información? ¿Hay que dosificarla? ¿Censurarla? Australia acaba de decirle a Google que ella tiene derecho a escoger lo que se lea en su territorio. Creo que sólo Google protestó; el resto del mundo no le hizo el más mínimo caso a la noticia. Sin embargo, si China dice lo mismo que Australia, se dedican semanas a despedazar el antidemocrático Partido Comunista Chino. No me estoy posicionando: estoy expresando una verdad elemental de nuestros días. Y además quiero decir que a cada instante se habla peor de Cuba, la mayoría de las veces sin fundamentos, sólo porque lo desean los que pagan, los dueños de la llamada Gran Prensa y del 90 por ciento de Internet; los mismos sinvergüenzas que hace 50 años nos tienen bloqueados de todo, menos de su sacrosanta información. Usted no me lo ha preguntado, pero deseo que sepa que en el reciente curso escolar sólo se han podido admitir dos estudiantes de piano en cada conservatorio cubano. No hace muchos años podía entrar una docena de niños. He aquí una “gloriosa hazaña” de ese bloqueo que muchos aplauden.

-¿Cómo hizo todos estos años para conjugar su trabajo de músico y el de diputado? Disculpe si caigo en una pregunta repetida, es que desde aquí su doble profesión se ve como una conjunción extraña, casi un oxímoron…

-Hace ya dos años que no soy diputado. Lo fui durante quince años por votación popular, no porque me haya postulado. En Cuba hay pocos diputados profesionales. La mayoría de la Asamblea está compuesta por trabajadores de los diferentes sectores y se concurre a las reuniones ordinarias dos veces al año. En cualquier caso, mientras lo fui, no hubo contradicción profesional entre el diputado y el músico, porque se entendía que mi trabajo me llevaba constantemente de un lugar a otro.

-”Cuando tenía veinte años estaba seguro de que la poesía podía salvar el mundo”, recuerda usted en el prólogo del Cancionero editado el año pasado. A los 63 años, ¿cuál es el poder que le asigna a la poesía?

-La poesía es revelación; contribuye al saber, al mejoramiento espiritual y por ende incluso al bie-nestar físico. Es lo que creo.

-Su proyecto “Expedición al centro del hombre” lo llevó por las cárceles de Cuba. ¿En qué medida lo enriqueció a usted mismo? ¿Piensa repetir la experiencia?

-En el 2008 participamos pintores, cineastas, escritores, poetas y músicos de varias especialidades. Una de las cosas más lindas era la participación artística de los presos; ellos tienen un fuerte movimiento de aficionados. Siempre terminábamos cantando juntos porque en muchas cárceles hay muy buenos grupos musicales. Estuvimos en 16 prisiones, ante unos 40 mil reclusos. Después vi que en España estaban haciéndolo con la ópera y me pareció tan hermoso que pensé en algo parecido en Cuba, quizá con música de cámara y -¿por qué no?- también sinfónica. Pero ese sueño tendrá que esperar. En las condiciones económicas actuales, lo veo difícil.

-Ha dicho que no piensa cantar durante mucho tiempo más, pero también ha hecho público su deseo de actuar en el Colón. ¿Sigue en pie?

-Lo del Colón fue postergado porque lo estaban reparando, ahora no sé cómo andará…

-Si pudiera saber cuáles van a ser los últimos años de su vida, ¿cómo los planearía?

-Haría cosas, por supuesto; trataría de realizar algunos sueños. Pero creo que la mayor parte del tiempo lo pasaría con mi familia.
Tomado de CUBADEBATE

viernes, 26 de marzo de 2010

Lo que con amor hacia una mano lo rompia con otra el desamor


Una canción que describe el sentimiento, por no haber sido lo suficiente inteligente para cuidar y cultivar el amor que sigo teniendo en mi alma...

Hacia el porvenir partieron sombras.

Rumbo a mañana algo de oscuridad
fue a sobrevivir,
porque el sol de hoy
no pudo más.

No estarán completas las auroras.
Quejas de mí lucirá la claridad,

porque lo que yo tanto pretendí
demorará.


"Por más que quise bendecirme
y más purificarme,yo era carne,
yo era yo.

Lo que con amor hacía una mano
lo rompía con otra el desamor.

Yo no creo que haya sido en vano,
pero pudo ser mucho mejor."


Hacia el porvenir partieron sombras.

Cuando no alcance,
sólo podré alertar.

Si alguien me oye allí,
no se olvide pues
de iluminar.

Silvio Rodríguez

Fuego a quienes nos critican



Calle 13 un día después
Michel Hernández
michelher@granma.cip.cu


La banda puertorriqueña Calle 13 llegó ayer a la Florida (EE.UU.), después de ofrecer un histórico concierto en La Habana que convocó a más de 300 000 personas en la Tribuna Antimperialista José Martí.
Eduardo Cabra y René Pérez sostuvieron un encuentro con familiares de los Cinco Héroes cubanos presos en Estados Unidos. Al centro, Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero.
Tras una intensa jornada en la Isla, el multilaureado dúo tenía previsto ofrecer anoche un concierto en Miami, donde figuras musicales adscritas a la mafia cubanoamericana como Emilio y Gloria Estefan y Willy Chirino, les habían lanzado críticas por tocar en la Isla, donde los Calle 13 exhortaron a artistas de Puerto Rico y otros países a que actúen en Cuba y "dejen el miedo y la cagazón".
Pocas horas antes de partir, el músico Eduardo Cabra "Visitante", quien integra el dúo junto a su hermano René Pérez "Residente", minimizó las críticas por el concierto en Cuba y afirmó que "Calle 13 no le debe nada a nadie".
En declaraciones a Granma, el "Visitante" de la Calle 13 expresó: "Nosotros estamos tranquilos porque no le debemos nada a nadie. Vinimos aquí a tocar y salimos con muchas ganancias, y no estamos hablando de dinero. Cuba es una mina de oro, pero de cosas intangibles. Así que fuego con los que nos critican".
"No tememos ningún acto de repudio, porque no le debemos nada a Miami ni a nadie. Calle 13 nació con nuestro propio esfuerzo. Salió y se conoció de mano en mano, de boca en boca, no solo en Cuba, sino en todos los países de América Latina. Eso lo hace más importante, porque no hay ninguna maquinaria promocional ni ningún dinero detrás de nosotros. Esto no es fabricado, es de corazón", añadió.
Respecto a su primera presentación en la Isla, considerada un honor por el "Residente", Eduardo dijo: "El concierto fue excelente, el momento en que llegó fue perfecto. Me voy de Cuba cargado de energía, ahora estoy listo para hacer el disco, pero con más fuerza".
Agregó que el espectáculo "fue un aprendizaje bien fuerte. Para un puertorriqueño con pasaporte gringo es muy difícil visitar este país. Yo tengo gente muy especial acá. La burocracia y la condición política tratan de desconectar a Cuba y Puerto Rico, pero la historia que ambos países tienen es muy rica. Ahora me siento totalmente conectado con Cuba".
El viaje de Calle 13 a la Isla incluyó, entre otras actividades, un encuentro con cientos de jóvenes en la Sala Che Guevara, de la Casa de las Américas, un intercambio con familiares de los Cinco Héroes cubanos presos en Estados Unidos y una visita a la escuela Carlos Muñiz Varela, en el municipio de Bauta. Además, realizaron un recorrido por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV).


Entrevista tomada del periodico Cubano "GRANMA".

martes, 16 de febrero de 2010

"El capitán Feliciano"

Una historia narrada por Dagoberto y sobre ella, escuche una crónica de alguien muy cercano a Feliciano, y de como paralelo a su ultimo combate; su amigo y compañero esgrimista David Munguía Payés, intento evitar que le asesinaran.
Aquí les va el relato.

"El capitán Feliciano"
Dagoberto Gutiérrez


Blanco y de mejillas rosadas, delgado y fuerte, alto y elegante, fuerte y agradable, así era Tomás García y algo más: Era campeón nacional de esgrima y tenía, lógicamente, un cuerpo de espadachín, es decir, flexible y fuerte y era muy joven, pero desde siempre y desde las honduras más insondables de su ser, Tomás supo, que en la guerra que se desataba el tenía un lugar establecido y no vaciló ni un segundo en ocuparlo.
Como ocurre en estos casos, no se sabe de dónde llega la señal o la voz o la orden que llama al ser humano a ocupar una posición en el combate que se ha armado ya entre los explotados y los explotadores, pero Tomás parecía saber, desde siempre, cual era su lugar en la confrontación y lo asumió sin vacilación.
Eran tiempos de clandestinaje, así como hoy, cuándo el pensamiento también es clandestino; pero en aquellos años, acción y pensamiento se cuidaban de la luz, aunque esta debía siempre iluminar a ambas, pero en el mayor de los secretos, y el más intenso de los amoríos.
Siempre me dio seguridad y lo recuerdo de manera vívida, de pantalón azul, que terminaba en un ruedo ancho, de camisa verde claro y de un caminar desafiante, con revólver en uno de sus bolsillos y caminando adelante, mientras, de vez en cuando, se volvía para mirarme, y sus ojos claros y grandes no sabrán nunca toda la confianza que me transmitían, porque la decisión que emanaba de ellos era indescifrable; después platicábamos de cosas de la vida, pero él siempre mantenía cierto respeto y cierto límite y yo siempre estuve interesado en descifrar la firmeza y la convicción que se desprendía, como torrente de montaña, de aquel esgrimista y de aquel estudiante y de aquel joven que siéndolo era un convencido de lo que estaba haciendo.
La guerra ya había estallado y nadie sabía para dónde iba, porque eso nadie lo sabe, pero ya sabíamos que las horas y los minutos estaban cargados de fuego, de acero de vida y de muerte y los estudiantes, profesionales, campesinos y clases medias en general se preparaban para una guerra que era la suya, era la guerra del pueblo; el enemigo sabía, como lo saben siempre todos los enemigos de todos los tiempos, que había que impedir que ese fuego humano creciera y la vieja y sangrienta oligarquía afilaba sus cuchillos día y noche y anunciaba la repetición de la matanza de 1932 y la de 1830.
Los banqueros y cafetaleros tenían pesadillas con los fantasmas de Anastasio Aquino y Farabundo Martí, ambos rondaban, con sus ejércitos de nonualcos y de pipiles, de artesanos, obreros e intelectuales, las conocidas veredas de la patria, y, los cuchillos oligarcas relumbraban como pompas de jabón.
Los estudiantes de educación media sabían, por la vida misma, que la cosa era con ellos y que las campanas de la lucha preguntaban por ellos, y Tomás, cuya foto salía en los diarios, que era noticia como esgrimista, que era acariciado por la propaganda oficial, supo siempre que desde el fondo de su ser había una voz que lo llamaba a la pelea y no vaciló.
Su situación se hizo insostenible en la ciudad, y “la chucha” era un nombre que se repetía en las listas represivas de la policía, su madre, una secretaria, hermosa e inteligente de Mejicanos y su padre, un cubano que llegó aquí exiliado y regresó después a Cuba, es coronel del ejército cubano, combatiente internacionalista y alumbrado también por la luz de su hijo que nunca se apaga, así como no cesa la luz de José Martí, del Che y de Fidel.
Feliciano ya había nacido como tal, y era un combatiente de la guerrilla urbana de los que se enfrentaban a los asesinos de los cuerpos represivos con valor y arrojo, pero debía salir de la ciudad y pasar a Guazapa para hacerse guerrillero rural, fuera del alcance de la represión; todo estaba listo para que el capitán Feliciano saliera hacia el cerro al día siguiente; pero decide despedirse de su madre, y así lo hizo, era un apartamento pequeño y cómodo cerca del Cine Jardín, en zona populosa y de mucho tráfico, y allí llegó Feliciano para que su madre lo viera la última vez, y para que él la viera por última vez.
Sobre él cayeron los ojos enemigos como cuchillos de sangre y de alguna manera supieron que Feliciano estaba en la casa de su madre, y se organiza el cerco. En horas de la madrugada revienta el ataque, ellos sabían que no lo capturarían vivo y concentraron todo el fuego disponible para destruir la habitación y arrasar como si allí hubiera todo un ejército.
Feliciano no se entregó y la madrugada se llenó de combate, de la luz y de los fogonazos, de las maldiciones y de los lamentos de los policías heridos y muertos, los disparos siempre sonaron furiosos y mortales, y siempre la resistencia se mantuvo, tenaz, fuerte, e invencible. La casa fue destruida, la madre fue muerta, el hermano menor de Feliciano también fue muerto y cuando al fin cesaron los disparos Feliciano había caído disparando hasta el último tiro.
No sabían si seguir disparando o entrar a la casa, apretaron el cerco y esperaron la luz del día para entrar porque ya nadie disparó, y porque nadie se entregó y nadie se rindió. El silencio invencible dominaba la escena y en medio de la destrucción y de la sangre que humedecía la sala, la cocina y los dormitorios, un sentimiento de derrota dominaba al enemigo.
Un esgrimista había peleado hasta el fin, el guerrillero sabía, que lo que venía era eso: una pelea sin fin y que su sangre abría un camino que no se cierra todavía y que sigue llamando, a todos y a todas los Felicianos que la patria necesita, y a todos y a todas los que necesitan de la patria.
El padre de Feliciano escucha su historia y pareciera saber que es parte de ella y que su mano también es parte de aquella que disparó hasta el final en la madrugada del asalto. Esa mano de Feliciano sigue disparando para que la penumbra abra paso a la luz que se sigue necesitando
.

viernes, 12 de febrero de 2010

«No hay discurso del método, hermano, todos los mapas mienten salvo el del corazón».

«de una respuesta con fragancia de helechos mojados, pelo crespo de un niño, hocico de cachorro o simplemente un sentimiento de reunión, de amigos en torno al fuego, de un tango que sin énfasis resume la suma de los actos, la pobre hermosa saga de ser hombre».

Julio Cortázar

martes, 9 de febrero de 2010

"Has de saber mi nombre"

Para amarme con la fuerza que yo necesito
con la fuerza de todo el amor
Para odiarme con la fuerza que yo necesito
con la forma más fiera de odiar
has de saber mi nombre
sólo saber mi nombre.


Yo me llamo semilla
cuando la tierra exige un hijo más

Yo me llamo rocío
cuando la noche es seca y tiene sed
Yo me he llamado compañía
Yo me he llamado —intensidad

Pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

Para amarme
con amor frente a viento y marea
con amor que se puede tocar

Para odiarme
con el odio que mas se recrea
—con el odio que apaga la luz—
has de saber mi nombre
Sólo saber mi nombre.

Yo me llamo llovizna
si hay melancolía que vivir
yo me llamo saludo
cuando la ausencia estorba caminar
yo me he llamado poesía
yo me he llamado una canción

Pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

Silvio Rodríguez

jueves, 4 de febrero de 2010

"La Revolución Cubana fue como Prometeo, que entregó el fuego del saber, a los mortales"


Hoy no basta con ser pacífico y solidario, ni alcanza con velar por el porvenir: hoy el socialismo debe emular y vencer las pautas de libertad que los consorcios mediáticos recomiendan. Ignoro si un socialismo que juegue y gane en esos campos sería proclamado «Socialismo del siglo XXI». En cualquier caso, inmediatamente aparecerían nuevas tasas que superar, reales o imaginarias. Por eso, cuando aquella declaración de socialismo a ultranza, yo voté porque nuestro sistema fuera perfectible. No porque debamos satisfacer el gusto de quienes nos desprecian, sino porque cualquier sociedad humana, llámese como se llame, tendrá siempre el deber de superarse.
Luis Eduardo Auté lo supo poner en poesía:«Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento,que el pensamiento es estar siempre de paso, de paso, de paso».




(Fragmento de entrevista a Silvio Rodríguez, sobre lanzamiento del Disco Segunda Cita en Marzo 2010).
Leela completa en http://lapaginadesilviorodriguez.blogspot.com/2010/01/silvio-rodriguez-promete-su-segunda.html