viernes, 26 de marzo de 2010

Lo que con amor hacia una mano lo rompia con otra el desamor


Una canción que describe el sentimiento, por no haber sido lo suficiente inteligente para cuidar y cultivar el amor que sigo teniendo en mi alma...

Hacia el porvenir partieron sombras.

Rumbo a mañana algo de oscuridad
fue a sobrevivir,
porque el sol de hoy
no pudo más.

No estarán completas las auroras.
Quejas de mí lucirá la claridad,

porque lo que yo tanto pretendí
demorará.


"Por más que quise bendecirme
y más purificarme,yo era carne,
yo era yo.

Lo que con amor hacía una mano
lo rompía con otra el desamor.

Yo no creo que haya sido en vano,
pero pudo ser mucho mejor."


Hacia el porvenir partieron sombras.

Cuando no alcance,
sólo podré alertar.

Si alguien me oye allí,
no se olvide pues
de iluminar.

Silvio Rodríguez

Fuego a quienes nos critican



Calle 13 un día después
Michel Hernández
michelher@granma.cip.cu


La banda puertorriqueña Calle 13 llegó ayer a la Florida (EE.UU.), después de ofrecer un histórico concierto en La Habana que convocó a más de 300 000 personas en la Tribuna Antimperialista José Martí.
Eduardo Cabra y René Pérez sostuvieron un encuentro con familiares de los Cinco Héroes cubanos presos en Estados Unidos. Al centro, Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero.
Tras una intensa jornada en la Isla, el multilaureado dúo tenía previsto ofrecer anoche un concierto en Miami, donde figuras musicales adscritas a la mafia cubanoamericana como Emilio y Gloria Estefan y Willy Chirino, les habían lanzado críticas por tocar en la Isla, donde los Calle 13 exhortaron a artistas de Puerto Rico y otros países a que actúen en Cuba y "dejen el miedo y la cagazón".
Pocas horas antes de partir, el músico Eduardo Cabra "Visitante", quien integra el dúo junto a su hermano René Pérez "Residente", minimizó las críticas por el concierto en Cuba y afirmó que "Calle 13 no le debe nada a nadie".
En declaraciones a Granma, el "Visitante" de la Calle 13 expresó: "Nosotros estamos tranquilos porque no le debemos nada a nadie. Vinimos aquí a tocar y salimos con muchas ganancias, y no estamos hablando de dinero. Cuba es una mina de oro, pero de cosas intangibles. Así que fuego con los que nos critican".
"No tememos ningún acto de repudio, porque no le debemos nada a Miami ni a nadie. Calle 13 nació con nuestro propio esfuerzo. Salió y se conoció de mano en mano, de boca en boca, no solo en Cuba, sino en todos los países de América Latina. Eso lo hace más importante, porque no hay ninguna maquinaria promocional ni ningún dinero detrás de nosotros. Esto no es fabricado, es de corazón", añadió.
Respecto a su primera presentación en la Isla, considerada un honor por el "Residente", Eduardo dijo: "El concierto fue excelente, el momento en que llegó fue perfecto. Me voy de Cuba cargado de energía, ahora estoy listo para hacer el disco, pero con más fuerza".
Agregó que el espectáculo "fue un aprendizaje bien fuerte. Para un puertorriqueño con pasaporte gringo es muy difícil visitar este país. Yo tengo gente muy especial acá. La burocracia y la condición política tratan de desconectar a Cuba y Puerto Rico, pero la historia que ambos países tienen es muy rica. Ahora me siento totalmente conectado con Cuba".
El viaje de Calle 13 a la Isla incluyó, entre otras actividades, un encuentro con cientos de jóvenes en la Sala Che Guevara, de la Casa de las Américas, un intercambio con familiares de los Cinco Héroes cubanos presos en Estados Unidos y una visita a la escuela Carlos Muñiz Varela, en el municipio de Bauta. Además, realizaron un recorrido por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV).


Entrevista tomada del periodico Cubano "GRANMA".

martes, 16 de febrero de 2010

"El capitán Feliciano"

Una historia narrada por Dagoberto y sobre ella, escuche una crónica de alguien muy cercano a Feliciano, y de como paralelo a su ultimo combate; su amigo y compañero esgrimista David Munguía Payés, intento evitar que le asesinaran.
Aquí les va el relato.

"El capitán Feliciano"
Dagoberto Gutiérrez


Blanco y de mejillas rosadas, delgado y fuerte, alto y elegante, fuerte y agradable, así era Tomás García y algo más: Era campeón nacional de esgrima y tenía, lógicamente, un cuerpo de espadachín, es decir, flexible y fuerte y era muy joven, pero desde siempre y desde las honduras más insondables de su ser, Tomás supo, que en la guerra que se desataba el tenía un lugar establecido y no vaciló ni un segundo en ocuparlo.
Como ocurre en estos casos, no se sabe de dónde llega la señal o la voz o la orden que llama al ser humano a ocupar una posición en el combate que se ha armado ya entre los explotados y los explotadores, pero Tomás parecía saber, desde siempre, cual era su lugar en la confrontación y lo asumió sin vacilación.
Eran tiempos de clandestinaje, así como hoy, cuándo el pensamiento también es clandestino; pero en aquellos años, acción y pensamiento se cuidaban de la luz, aunque esta debía siempre iluminar a ambas, pero en el mayor de los secretos, y el más intenso de los amoríos.
Siempre me dio seguridad y lo recuerdo de manera vívida, de pantalón azul, que terminaba en un ruedo ancho, de camisa verde claro y de un caminar desafiante, con revólver en uno de sus bolsillos y caminando adelante, mientras, de vez en cuando, se volvía para mirarme, y sus ojos claros y grandes no sabrán nunca toda la confianza que me transmitían, porque la decisión que emanaba de ellos era indescifrable; después platicábamos de cosas de la vida, pero él siempre mantenía cierto respeto y cierto límite y yo siempre estuve interesado en descifrar la firmeza y la convicción que se desprendía, como torrente de montaña, de aquel esgrimista y de aquel estudiante y de aquel joven que siéndolo era un convencido de lo que estaba haciendo.
La guerra ya había estallado y nadie sabía para dónde iba, porque eso nadie lo sabe, pero ya sabíamos que las horas y los minutos estaban cargados de fuego, de acero de vida y de muerte y los estudiantes, profesionales, campesinos y clases medias en general se preparaban para una guerra que era la suya, era la guerra del pueblo; el enemigo sabía, como lo saben siempre todos los enemigos de todos los tiempos, que había que impedir que ese fuego humano creciera y la vieja y sangrienta oligarquía afilaba sus cuchillos día y noche y anunciaba la repetición de la matanza de 1932 y la de 1830.
Los banqueros y cafetaleros tenían pesadillas con los fantasmas de Anastasio Aquino y Farabundo Martí, ambos rondaban, con sus ejércitos de nonualcos y de pipiles, de artesanos, obreros e intelectuales, las conocidas veredas de la patria, y, los cuchillos oligarcas relumbraban como pompas de jabón.
Los estudiantes de educación media sabían, por la vida misma, que la cosa era con ellos y que las campanas de la lucha preguntaban por ellos, y Tomás, cuya foto salía en los diarios, que era noticia como esgrimista, que era acariciado por la propaganda oficial, supo siempre que desde el fondo de su ser había una voz que lo llamaba a la pelea y no vaciló.
Su situación se hizo insostenible en la ciudad, y “la chucha” era un nombre que se repetía en las listas represivas de la policía, su madre, una secretaria, hermosa e inteligente de Mejicanos y su padre, un cubano que llegó aquí exiliado y regresó después a Cuba, es coronel del ejército cubano, combatiente internacionalista y alumbrado también por la luz de su hijo que nunca se apaga, así como no cesa la luz de José Martí, del Che y de Fidel.
Feliciano ya había nacido como tal, y era un combatiente de la guerrilla urbana de los que se enfrentaban a los asesinos de los cuerpos represivos con valor y arrojo, pero debía salir de la ciudad y pasar a Guazapa para hacerse guerrillero rural, fuera del alcance de la represión; todo estaba listo para que el capitán Feliciano saliera hacia el cerro al día siguiente; pero decide despedirse de su madre, y así lo hizo, era un apartamento pequeño y cómodo cerca del Cine Jardín, en zona populosa y de mucho tráfico, y allí llegó Feliciano para que su madre lo viera la última vez, y para que él la viera por última vez.
Sobre él cayeron los ojos enemigos como cuchillos de sangre y de alguna manera supieron que Feliciano estaba en la casa de su madre, y se organiza el cerco. En horas de la madrugada revienta el ataque, ellos sabían que no lo capturarían vivo y concentraron todo el fuego disponible para destruir la habitación y arrasar como si allí hubiera todo un ejército.
Feliciano no se entregó y la madrugada se llenó de combate, de la luz y de los fogonazos, de las maldiciones y de los lamentos de los policías heridos y muertos, los disparos siempre sonaron furiosos y mortales, y siempre la resistencia se mantuvo, tenaz, fuerte, e invencible. La casa fue destruida, la madre fue muerta, el hermano menor de Feliciano también fue muerto y cuando al fin cesaron los disparos Feliciano había caído disparando hasta el último tiro.
No sabían si seguir disparando o entrar a la casa, apretaron el cerco y esperaron la luz del día para entrar porque ya nadie disparó, y porque nadie se entregó y nadie se rindió. El silencio invencible dominaba la escena y en medio de la destrucción y de la sangre que humedecía la sala, la cocina y los dormitorios, un sentimiento de derrota dominaba al enemigo.
Un esgrimista había peleado hasta el fin, el guerrillero sabía, que lo que venía era eso: una pelea sin fin y que su sangre abría un camino que no se cierra todavía y que sigue llamando, a todos y a todas los Felicianos que la patria necesita, y a todos y a todas los que necesitan de la patria.
El padre de Feliciano escucha su historia y pareciera saber que es parte de ella y que su mano también es parte de aquella que disparó hasta el final en la madrugada del asalto. Esa mano de Feliciano sigue disparando para que la penumbra abra paso a la luz que se sigue necesitando
.

viernes, 12 de febrero de 2010

«No hay discurso del método, hermano, todos los mapas mienten salvo el del corazón».

«de una respuesta con fragancia de helechos mojados, pelo crespo de un niño, hocico de cachorro o simplemente un sentimiento de reunión, de amigos en torno al fuego, de un tango que sin énfasis resume la suma de los actos, la pobre hermosa saga de ser hombre».

Julio Cortázar

martes, 9 de febrero de 2010

"Has de saber mi nombre"

Para amarme con la fuerza que yo necesito
con la fuerza de todo el amor
Para odiarme con la fuerza que yo necesito
con la forma más fiera de odiar
has de saber mi nombre
sólo saber mi nombre.


Yo me llamo semilla
cuando la tierra exige un hijo más

Yo me llamo rocío
cuando la noche es seca y tiene sed
Yo me he llamado compañía
Yo me he llamado —intensidad

Pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

Para amarme
con amor frente a viento y marea
con amor que se puede tocar

Para odiarme
con el odio que mas se recrea
—con el odio que apaga la luz—
has de saber mi nombre
Sólo saber mi nombre.

Yo me llamo llovizna
si hay melancolía que vivir
yo me llamo saludo
cuando la ausencia estorba caminar
yo me he llamado poesía
yo me he llamado una canción

Pero por fuerza de costumbre
me llamo bala casi siempre.

Silvio Rodríguez

jueves, 4 de febrero de 2010

"La Revolución Cubana fue como Prometeo, que entregó el fuego del saber, a los mortales"


Hoy no basta con ser pacífico y solidario, ni alcanza con velar por el porvenir: hoy el socialismo debe emular y vencer las pautas de libertad que los consorcios mediáticos recomiendan. Ignoro si un socialismo que juegue y gane en esos campos sería proclamado «Socialismo del siglo XXI». En cualquier caso, inmediatamente aparecerían nuevas tasas que superar, reales o imaginarias. Por eso, cuando aquella declaración de socialismo a ultranza, yo voté porque nuestro sistema fuera perfectible. No porque debamos satisfacer el gusto de quienes nos desprecian, sino porque cualquier sociedad humana, llámese como se llame, tendrá siempre el deber de superarse.
Luis Eduardo Auté lo supo poner en poesía:«Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento,que el pensamiento es estar siempre de paso, de paso, de paso».




(Fragmento de entrevista a Silvio Rodríguez, sobre lanzamiento del Disco Segunda Cita en Marzo 2010).
Leela completa en http://lapaginadesilviorodriguez.blogspot.com/2010/01/silvio-rodriguez-promete-su-segunda.html

jueves, 7 de enero de 2010

"Siento que te estoy perdiendo" (Luis Eduardo Aute)





Desde hace algún tiempo te siento distinta

No se que será pero no eres la misma

Observo en tus ojos miradas que esquivan la mía

Cansada de tanto buscar tus pupilas

Pidiendo respuestas a cada por que


Pero adivino en ti algo que empieza a huir

y no quiero entender cuando un presentimiento

no crea razón solo infunde terroooor


Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendoooo

perdieeeendoooteee...


Y con monosílabos adormecidos pretendes decir

que dialogas conmigo tus gestos son más elocuentes

al menos son siiignos de tu indiferencia por todo lo mío

y más si mi afán es hacerte feliz

que fue lo que paso donde estuvo el error

que no pude impedir aunque se que no es fácil

decir la verdad no la digas jamás


Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

perdieeeendote...


Mis labios no encuentran tu beso oportuno

ni encuentra mi cuerpo en tu cuerpo refugio

tan solo pasivo abandono distante deeesnuudooo

que entregas como algo que no fuera tuyo

dejándote hacer en ausente actitud

que mortal desazón... es hacerte el amor

cuando ya no eres tu no quisiera saber

cuando sueles llorar en que brazos estaaaas...


Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

perdieeeendote...


Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

Siento que te estoy perdiendo

perdieeeendoteeeee...

Luis Eduardo Aute